Primera infancia: por qué los primeros cinco años definen el futuro
Los primeros cinco años concentran el desarrollo cerebral más acelerado de la vida, pero el acceso a cuidado y educación temprana de calidad sigue siendo un privilegio. Un informe reúne cifras sobre costos, déficit de vacantes, matrícula preescolar y los salarios de quienes cuidan a los más chicos, y estima un retorno de entre 4 y 13 dólares por cada dólar invertido.

Los primeros cinco años de vida son decisivos para el desarrollo cerebral. Durante ese periodo el cerebro crece a un ritmo acelerado y sienta las bases del desarrollo cognitivo, emocional y social del niño. Es también la mejor oportunidad para darle una ventaja inicial y una base sólida que facilite su transición a la edad adulta.
Sin embargo, pese al creciente conocimiento sobre la importancia del desarrollo cerebral temprano, muy pocos niños —en especial los que viven en la pobreza— acceden a oportunidades de aprendizaje tempranas, asequibles y de calidad. El alto costo del cuidado infantil y la escasez de plazas los dejan sin atención adecuada justamente durante los años más críticos.
Cuando los niños acceden a programas como Head Start, el programa de Visitas Domiciliarias para Madres, Bebés y Niños Pequeños (MIECHV) y el Fondo para el Cuidado y Desarrollo Infantil (CCDF), reciben los entornos y recursos que un desarrollo cerebral saludable requiere. Aun así, antes de la pandemia y por falta de inversión federal, Head Start —dirigido a niños pequeños de bajos ingresos y sus familias— solo atendía al 41 % de los niños de 3 a 5 años y al 9 % de los bebés y niños pequeños en situación de pobreza.
Invertir en estos programas mejora el rendimiento académico, el empleo y la salud futuros: la investigación económica estima que cada dólar destinado a educación infantil devuelve entre 4 y 13 dólares.
Un costo que las familias no pueden afrontar
La falta de inversión deja a padres y familias expuestos a un costo de cuidado infantil elevado e inaccesible.
- El precio promedio nacional del cuidado infantil ronda los 10.600 dólares anuales.
- En 2021, el cuidado de bebés en centros especializados costó más que la matrícula universitaria pública en 34 estados y el Distrito de Columbia.
- Ese mismo año resultó más caro que la vivienda en 30 estados y el Distrito de Columbia.
- En las familias formadas por parejas casadas, cuidar a un bebé consume entre el 8 % y el 17 % de los ingresos del hogar.
- Para los padres solteros representa al menos un tercio de sus ingresos anuales en todos los estados excepto siete.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. fija el umbral de asequibilidad del gasto de bolsillo en cuidado infantil en un máximo del 7 % de los ingresos del hogar. Con esa referencia, el cuidado infantil es inasequible tanto para las familias de parejas casadas como para las monoparentales en todos los estados.
La oferta tampoco alcanza
La pandemia llevó al borde del colapso a un sector que ya venía en dificultades; solo lo sostuvieron las ayudas temporales, finalizadas en mayo de 2023.
- En 2018 se estimaba que el 51 % de las familias vivía en zonas con oferta insuficiente de cuidado infantil, y el 55 % de las familias de bajos ingresos, en zonas sin suficientes proveedores con licencia.
- En 2021, un análisis de 43 estados contabilizó 8,7 millones de plazas en centros con licencia y programas de cuidado infantil familiar.
- Ese año, los niños que potencialmente necesitaban cuidado infantil sumaban 12,3 millones: un déficit de 3,6 millones de plazas.
- En el año fiscal 2020, alrededor de 1,5 millones de niños recibieron subsidios del CCDF cada mes.
- Desde 2006, la cantidad de niños que recibe subsidios del CCDF cayó en más de 285.000.
Una fuerza laboral mal pagada
La falta de inversión también repercute sobre quienes trabajan en el sector.
- En los 50 estados y el Distrito de Columbia, los trabajadores del cuidado infantil ganan menos de la mitad del salario digno de un padre soltero con un hijo: en promedio, menos de 27.700 dólares anuales, apenas 13,13 dólares por hora.
- Los educadores de la primera infancia enfrentan tasas de pobreza 7,7 veces más altas, en promedio, que los docentes del sistema K-8 (educación inicial a octavo grado).
- El 96 % de esta fuerza laboral son mujeres y el 40 % son personas de color; sus bajos salarios constituyen un problema de justicia de género y racial.
El preescolar retrocedió una década
Antes de la pandemia se registraban avances en el acceso a la educación preescolar. Durante el primer año de pandemia, en cambio, la matrícula en preescolares financiados por los estados cayó en 298.000 niños (un 18 %) a nivel nacional: el primer descenso en 20 años, que revirtió una década de progreso.
- En el ciclo escolar 2020-2021, los estados matricularon casi 1,36 millones de niños en preescolares financiados con fondos estatales: 1,15 millones de 4 años y 187.000 de 3 años.
- Ese mismo ciclo, solo el 29 % de los niños de 4 años y menos del 5 % de los de 3 años estaban matriculados en preescolar.
- La matrícula se recuperó en el otoño de 2021, pero se mantuvo unos cinco puntos porcentuales por debajo de los niveles previos a la pandemia.
- La calidad es despareja: solo cinco estados —Alabama, Hawái, Michigan, Misisipi y Rhode Island— cumplen los 10 puntos de referencia del Instituto Nacional de Investigación sobre Educación Infantil para los estándares mínimos de calidad del preescolar estatal.
- Solo el 11 % de los niños matriculados en preescolares financiados por los estados asistía a un programa que cumpliera 9 o 10 de esos indicadores.
Restaurar no alcanza: hace falta inversión sostenida
No basta con devolver los programas de desarrollo y educación infantil a su estado previo a la pandemia. La ayuda de emergencia mantuvo los programas abiertos, alivió a los padres frente a los altos costos y permitió pagar bonificaciones temporales a los trabajadores, pero está por agotarse.
Construir un sistema de cuidado infantil integral, asequible, equitativo y sostenible exige una inversión pública sólida y de largo plazo: que las familias puedan pagar el cuidado, que los niños reciban el apoyo que su desarrollo requiere y que los trabajadores perciban un salario digno. Sea en una guardería, en Head Start, en el preescolar o en casa con un cuidador, todos los niños pequeños merecen las mismas oportunidades de desarrollo y aprendizaje temprano.
